Un día templado en Agosto, mi mayor hermana, Rebecca, me llamó a su cuarto. Ella me mandó: “Caryn, siéntate delante de mi cama, en la alfombra.” Porque tenía solamente tres años y estaba crédulo, yo la obedecí. Después de yo me senté, Rebecca caminó rumbo a mí con un par de tijeras en su mano. Esto no me asustaba porque mi hermana era vieja con siete años de vida y yo la confiaba completamente. Por eso razón, cuando Rebecca cortaba mi pelo, estaba alegre. Yo pensé: “¡Un nuevo juego, que divertido!” Pero, esta diversión terminó prematuramente cuando mis padres llamaron: “¿Rebecca y Caryn, dónde están ustedes?” De repente, la aspirante peluquera me empujó debajo de su cama. “Quédate aquí y no haga un sonido,” ella me dijo. “¡Que emocionante,” yo pensé, “como esconder y buscar!” Entonces nuestros padres entraron a la habitación. “¿Rebecca, dónde está Caryn?” ellos la preguntaron. Rebecca se escogió de hombros: “No sé,” ella los dijo. De pronto, mi madre vio medio de mi pelo sobre el suelo. “¿Rebecca,” ella exigió otra vez, “dónde está tu hermana?” No pude soportar el suspenso ya más. Yo gateé afuera de la cama. Medio de mi pelo se quedó sin cambiar pero otro medio de mi cabeza tuvo solamente dos pulgadas de mi pelo. Mi mamá gritó: “¡Ay, dios mío! ¿Rebecca, que hiciste a Caryn?” Rebecca la contestó con una expresión seria, “Madre, quiero ser peluquera.” Mi madre me miró. Parecía como el resultado de un Eduardo Tijeras-manos locura. Suavemente, la mujer dijo a su hija: “Mi querida, pienso que tu quédate en la escuela.”
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